domingo, 26 de noviembre de 2006
sábado, 25 de noviembre de 2006
Einstein y los hilos invisibles
La primera vez que supe de esta mujer, aparecía en un sueño tan real que me provocó una caída de la litera. Me miraba tranquila con el mismo gesto serio de madurez, descreimiento y sosiego que vi años después en otro lugar, que no en otro tiempo.
Una tarde, olisqueando restos de música francesa en la red apareció un nombre, el más cercano a mi cuerpo. Un perfume diferente, igual era talco, o Lavanda, patchouli, roses... y, después, su cara. La misma que vi en otro tiempo, en el mismo lugar, en el fondo de la retina.
Todo el peso de existir se me agarró al estómago -la belleza da pavor a menudo- y lloré un buen rato en el aseo público, en la más absoluta intimidad. Que una de sus mejores canciones tenga el título de una de mis fotografías favoritas, que además es un precioso poema de Jacques Prévert que repite sin cesar ese nombre que siempre me asombra, que me llame... eso, son los hilos invisibles que tienen la fuerza de las galeras y el poder de despertar al niño boquiabierto que somos.
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viernes, 24 de noviembre de 2006
El fuego
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miércoles, 22 de noviembre de 2006
Primero, el principio
Mi abuela me hablaba del cuajo y siempre pensé que era un ser marciano y cenagoso con la maravillosa facultad de crear queso, como Jesucristo los panes.
Tiempo después, dos minutos después, un par de años más tarde, el cuajo más ligero se ha quebrado dejando aparecer la malva.
Y ese sudar de las hojas que avecina una llegada.
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